Encuentros y desencuentros en las relaciones

Uno de los temas fundamentales, por el  que se consulta en la actualidad es por el amor. Con todo lo que engloba la forma de vincularnos hoy en día, estando en conexión continua, pero muchas veces desconectados del que tenemos al lado. Por no hablar de nuestra baja frustración a lo complejo y nuestro deseo de encontrar alguien a la carta, si tal cual, ese otro que se ajuste a lo que nos apetece en el momento, como un bistec,  al gusto de hecho, condimentado en su punto  y con una presentación que nos agrade, muy importante. Si no es así para que perder el tiempo, se pide otra cosa y listo.

Por alguna razón, existe la idea mítica de que vamos a conocer a alguien que nos va a complementar de una manera plena, con el que encontraremos ese estado de bienestar que tanto ansiamos y que solo logramos rozar en nuestras expectativas. Abocándonos a quedarnos instalados en la insatisfacción y la zozobra, porque cuando conocemos a alguien, no nos alcanza. Y claro, nada alcanza, ni nadie, a nuestro anhelo de paraíso perdido.

Vienen adolescentes, jóvenes, adultos, hombre y mujeres, con distintos estatus social, cultural, etc, pero en todos ellos existe el deseo del Encuentro con mayúsculas, sin desencuentros, sin fisuras, sin diferencias. Algunos tocados y otros hundidos, porque en ellos había puesto la esperanza de una felicidad. Y una felicidad sin fracturas, casi etérea y eterna.

Con esta visión de luz y color,  ¿cómo aceptar que el otro es diferente? Nadie  puede ser el cimiento que lo sostenga a uno  y el propulsor de ilusión que lo haga sentir vivo,  en toda relación hay encuentros y desencuentros, que en ese andar y parar, mirar y cuestionar, sentir la piel y separarse, estamos hilvanando una historia propia y real. Sí, sin tanta pasión, idealización, locura y tontez. Pero con más madurez, más consistencia, más realidad en el espejo que nos brinda una pareja si podemos permitir estar presentes, mostrándonos nuestros pliegues, vivencias más recónditas, debilidades y fortalezas.

Así se van construyendo puentes, posibilitando el encuentro de dos personas que se descubren mirada a mirada, más allá del cuerpo – pero siempre presente-, re-conectando hilos invisibles arcaicos hasta ese momento, porque nada en la elección de pareja tiene que ver con el azar. Sí, con nuestra historia personal, con la historia del  mundo presente que nos ha tocado vivir y con la historia de los que nos acompañaron en el camino, identificándonos y contraidentificandonos con ellos. Todo esto determinará, en cada uno, que busquemos colmarnos en un narcisismo insaciable de llenar carencias y de que nos muestren los maravillosos que somos, o de buscar a otro distinto, un compañero en nuestro caminar por la vida.

Terapia de parejas