Derecho al descanso

 

Todos tenemos derecho al descanso, a no ser continuamente productivos, eficaces y exitosos. Pero claro, desembarazarse del halo cultural y social imperante en nuestros días,  es complejo. Hay que estar suficientemente bien constituido psíquicamente, es decir, contar con una buena autoestima y un sólido criterio propio, para no ir diluyéndonos en lo establecido y poder mantener nuestra esencia.

El alienante vigor del sistema nos envuelve y susurra: “antes muerta que sencilla”, lo que hace que se vaya conformando como nuestro esquema referencial para alcanzar el ideal de lo que ansiamos ser. Es una enorme losa que nos pesa, y a veces, nos aplasta. Eso sí, con un doble discurso paradójico y perverso.

Ya que a la par que  vamos mamando esta constante demanda del contexto en el que vivimos, casi subliminal, pero por todos aprendida, existe otro discurso muy en boga y postmoderno, el cuidarse, comida sana, ejercicio físico, ocio, relajarse,  y por encima de todo, ser positivo. Lo cual me lleva a preguntarme: ¿Cómo podemos llevar un ritmo vertiginoso para alcanzar nuestras insaciables expectativas,  y a la vez, querer estar bien, tranquilos y serenos? Algunas personas creen que la solución es hacer actividades de ocio, metidas a presión, en los exiguos huecos de nuestra agenda que todavía quedan vacíos y alargar la jornada hasta altas horas,  si es necesario. Con el consiguiente estrés y la culpa añadida,  de no  lograr el  estado anímico deseado por mucho que uno se ha esforzado. De sentido común, pero parece que no obvio.

Quizás deberíamos parar y pensar, quedarnos quietos y en silencio, aprender a convivir con nosotros mismos sin tanto ruido de actividades, gente, pensamientos sobreexigentes, etc. Sólo así lograremos ir construyendo nuestro equilibrio, el propio, el que nos viene bien a cada uno. Conectar e ir hilvanando las distintas partecitas que forman nuestro mundo interno, desde la que quiere aparentar lo que no es, la que no puede estar sola sin gente, la que se quema en el trabajo por complacer a los superiores, la que necesita que la pareja esté satisfecha, la que le gusta estar presente en todos saraos, con las otras  partes que claman descanso, que desean pararse y estar en el sofá tirada, pasear o ver una película, leer o montar en bicicleta, etc.   Para ello tendremos que tolerar la incertidumbre de ir dejando atrás lo conocido, deconstruirnos e ir resurgiendo de una manera más saludable. Ya que el descanso, no sólo es un derecho, es también un deber con nosotros mismos. Un pilar fundamental de nuestro autocuidado, y de la calidad de nuestra vida personal, familiar, social y profesional. Si paramos, nos oxigenamos, nos divertimos, para  luego emprender nuestro camino más ligeros, vitales y creativos.

https://kaosenlared.net/derecho-al-descanso-y-al-tiempo-libre/

https://news.un.org/es/story/2018/12/1447471