Trastorno Obsesivo Compulsivo

¿Te lavas las manos incansablemente, hasta irritarte la piel, pensando que te puedes contaminar? ¿Compruebas si has cerrado la puerta de tu vivienda, con tanta insistencia, que has tenido que cambiar el picaporte,  por estropearlo? ¿Regresas a casa cuando ya has salido, porque insistentemente te persigue la idea que te has dejado la vitrocerámica encendida, necesitando verificarlo por enésima vez?

Las obsesiones son pensamientos invasivos, intrusivos, involuntarios y persistentes. No son experimentados como algo natural que vamos pensando fluidamente, mas  bien, se viven como algo que invade la conciencia, sin poder evitarlo.  Produciendo angustia, desazón… aunque racionalmente sepamos que no tienen sentido.  Todo ello lleva a una dinámica mental, recurrente y sin salida, en que se intenta ignorarlos, convencerse uno de lo irracional de que lo que piensa o siente, pero sin conseguirlo.  Dando lugar a sentimientos de vergüenza, culpa o miedo ante la incontrolabilidad de lo que le ocurre:

“…Esta mañana casi no logro llegar a trabajar, me he levantado con la idea continua de qué pasaría si se producía un incendio en casa y yo no estaba. A partir de ahí, todo ha sido como la “ley de Murphy”. Yo no sé las veces que he vuelto a mirar si había apagado la plancha, sabía que si, lo sabía, pero no podía evitarlo y si me equivoco y si… y si… Estoy muy cansada, agotada… “

Los temas obsesivos más frecuentes son:

  • Obsesiones de contaminación: preocupación por los gérmenes, suciedad, sustancias químicas…
  • Obsesiones de contenido agresivo: temor a causar algún tipo de daño a otras personas o a uno mismo, ideas macabras de cómo asesinar a personas queridas,  aparecer como responsable de errores, fracasos, imprudencias, accidentes o catástrofes ( por lo tanto, es un continuo intentar estar controlando todo, para que nada pase por alto).
  • Obsesiones sobre el orden, perfección, simetría: preocupación si todo no está ordenado, simétrico, continua expectativa de perfección y control férreo (cajones, armarios, espacios de convivencia, actividades efectuadas sean del tipo que sean…)
  •  Obsesiones sobre la salud y la apariencia con el cuerpo, respecto a la delgadez, imagen personal, señales de envejecimiento, signos de no poseer una belleza impoluta (granos, nariz, cintura, piernas), etc.
  • Obsesiones relacionadas con la sexualidad: pensamientos “machacantes” respecto a la sexualidad no vista como adecuada (fantasías sexuales perversas, repugnantes,    inquietud sobre un cambio de orientación sexual, pensamientos persistentes acerca del impulso de hacer comentarios o gestos obscenos…, masturbación compulsiva), etc.
  • Obsesiones filosófico-religiosas: necesidad de confesar pecados inexistentes o ínfimos que se supone haber cometido y estar preocupado por la culpa consiguiente. Escrúpulos de conciencia (excesivamente preocupado por la posibilidad de cometer algún acto pecaminoso).  Cuestionamientos sobre la razón de la existencia, con una visión tétrica sobre ella, etc.
  • Obsesiones sobre acumulación: obsesión por acumular, acaparar, controlar y ordenar la mayor cantidad de objetos, información, etc.  Siempre con la insatisfacción acechándoles, ya que nunca es suficiente.

Las compulsiones son pensamientos o conductas, que la persona se ve impelida a hacer de forma compulsiva, para calmar la ansiedad que le produce la obsesión. No tiene un fin en sí mismo,  se ejecuta como si fuese un “amuleto mágico” con la idea de prevenir  la situación temida,  que recurrentemente bombardea la obsesión.  Se lleva a cabo de forma irrefrenable, sin tener en muchos casos conexión con la realidad, o cuando la tiene, es a todas luces, excesiva.

Las compulsiones como intentos de neutralizar las obsesiones y sus consecuencias, al principio suelen ser más o menos efectivas para tranquilizar al paciente. Pero ese efecto  calmante a corto plazo, parece aumentar a medio/largo, dando lugar a un círculo vicioso de obsesiones, ansiedad y la necesidad cada vez mayor, de llevar a cabo más conductas neutralizadoras. Necesitando más tiempo progresivamente para efectuar sus rituales  (lavarse siete veces las manos, llegar al salón sin pisar los bordes de las baldosas, dar nueve vueltas a la silla girada hacia la televisión y luego contar hasta trece, de forma descendente, etc.), con el consiguiente deterioro que se produce en su vida tanto a nivel personal,  social y profesional. Pudiéndose sentir tan desvalido y angustiado, que la depresión aparezca como acompañante de toda esta sintomatología, ya de por si devastadora para la persona.

Y para finalizar,  quiero puntualizar algo que me parece de suma importancia, respecto al tratamiento.   Aunque parezca una perogrullada… Lo fundamental es el paciente, el cuál viene a consulta atravesado por un gran sufrimiento.  Desde nuestra profesionalidad, debemos darle la respuesta más adecuada, y ésta, sin ninguna duda, es la que nos da una visión integral e indisoluble de la persona, sostenida por distintos pilares. Los cuales a mí entender, serían:

–          Tener  en cuenta las investigaciones en neurociencias, que han ido descubriendo los factores neurobiológicos que intervienen en mayor o menor medida, para que eclosione esta sintomatología. Colaborando en un tratamiento farmacológico, a  través de un equipo interdisciplinar. (No me extenderé en este tema porque no es mi campo de trabajo).

–          Estar al tanto de las características comunes que comparten estos pacientes, cómo intolerancia a la incertidumbre, pensamiento mágico, control omnipotente del pensamiento y sus efectos, perfeccionismo, hiperresponsabilidad, etc.  Definidas de diversas maneras dependiendo del emisor (distorsiones cognitivas, características de personalidad, etc.) Pero siempre atentos, a no  dejarnos seducir por la comodidad de la clasificación y perdernos a la persona en sí. Se podría trabajar desde un lugar más cognitivo,  en un nivel más racional, “superficial”l si se me permite la expresión ¿pero cómo llegar a lo más profundo, involuntario e inconsciente de lo que le ocurre a una persona que está sufriendo un cataclismo de obsesiones y rituales? ¿qué le están produciendo un déficit en la calidad de su vida brutal, qué ha perdido el “control de su psiquismo” y qué teme por volverse loco…? Dejo las preguntas en el aire… y aprovecho para traer una afirmación que me he encontrado en una web y me ha parecido cuanto menos, atrevida: “No se sabe todavía la causa del TOC, aunque sí se sabe que no surge como respuesta a un supuesto conflicto intrapsiquico…”

–          Y por último, sería crucial darle un lugar único al paciente, con su idiosincrasia. Da igual la orientación… Poder verlo y “mirarlo”, para entender su historia propia y personal. Acompañarle en el camino de ir desenredando sus conflictos intrapsiquicos (porque ya me disculparais, pero no conozco a nadie que no los tenga), con sus capacidades, sus deseos, sus miedos, sus defensas… En definitiva, su vida, no sólo su enfermedad

Una película muy interesante sobre lo que puede ser la vida de alguien con trastorno obsesivo compulsivo es: “Mejor…imposible” (As Good as it Gets), protagonizada por Jack Nicholson.